Tristeza
Julio 28, 2008
Mi alma
Julio 28, 2008
Serenidad…
Julio 28, 2008
Nombre, que tengo que admitir, sería poco común para una criatura… sin embargo me gusta, me gusta mucho y me gusta más la opción que tendría yo de ponerle un segundo nombre que la haría aun más nuestra de lo que jamas pudiera ser…
Quien sabe si un deseo… quien sabe si solo una broma, quien sabe si un anhelo, quien sabe si una realidad, quien sabe si un sueño, quien sabe si un momento, quien sabe si un tiempo, quien sabe si exista…
Yo no lo se… y hoy no me interesa saberlo… será Serenidad por siempre…
Tendría que ser resultado de ese fuego contra el que luchamos y del cual no habremos de tocar… fuego entonces habría en su corazón y en su alma, fuego de aquellos que ni con el océano, fuego del que todo consume, pero que deja fértil el suelo para sembrar en él, fuego del cual solamente ahí puede renacer el ave fenix…
Y será entonces FUEGO…
Me gustas…
Julio 23, 2008
De alguna manera eran palabras que pense que no diría en voz alta, pense que serían palabras que se quedarían en mi mente si es que algún día las pensaria… hoy las puedo decir en voz alta, hoy le puedo decir que me gusta… a pesar de todos los miedos, de todas las cortapisas que hay o que pueda haber y a pesar de mi mismo en muchos sentidos
Enrique Bunbury
Julio 20, 2008
Me gusta esta “versión” del video…
Curiosidad…
Julio 20, 2008
Hoy, quiero hablar un poco de algo que me gusta mucho de mi, algo que considero quizá la más importante de las cualidades que pueda yo tener…
La curiosidad…
El diccionario la define de la siguiente manera:
1.- Deseo de saber o averiguar alguien lo que no le concierne.
2.- Vicio que lleva a alguien a iniquirir lo que no le corresponde.
Si bien en la Real Academia de la Lengua, ambas concepciones parecieran tener un tono negativo, para mi, no lo son tanto, admito, sí, que la curiosidad nos puede y nos mete en muchos problemas, que estos problemas de alguna u otra forma se evitarian si no anduviera yo metiendo la nariz donde no me importa, pero también tendría que decir que si no lo hiciera, no aprendería de los problemas, que si no lo hiciera, tampoco aprendería las cosas nuevas que aprendo cada vez que soy curioso con algo o con alguien. De hecho esa curiosidad es una herramienta importante en mi trabajo, me ayuda, al igual que me perjudica de idéntica forma. Soy curioso por naturaleza, me gusta serlo, me ha traido inumerables problemas, pero quiero seguirlo siendo, quiero no perder esa curiosidad.
Y tengo curiosidad por usted… por su vida, por su cuerpo, pero por sobre todas las cosas, por su alma… quiero ver lo que hay detras de esa pared (tambaleante cada vez más) de legos, que tardo tanto tiempo en construirse… quiero ver lo que hay dentro… y estoy dispuesto a pagar el precio que sea necesario… porque sé (y no me pregunte porqué lo sé… solo sé que lo sé) que lo que hay dentro no tiene comparación y vale cualquier precio. Cualquiera.
Creo que nos falta mucho camino por recorrer a usted y a mi… y no hablo de tiempos, sino de intensidades.
Los enemigos de “un hombre de conocimiento”
Julio 20, 2008
Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y serla buena idea escribir lo que él dijese y meditar en ello mientras estaba fuera.
Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar.
Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.
“Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.
“Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.”
¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?
Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.
¿Y qué puede hacer para superar el miedo?
La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora.
“Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural.”
¿Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco?
Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista rápido y de repente.
¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?
No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto,
“Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega.
“Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro peto incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión. de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.
¿Qué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ¿Muere en consecuencia?
-No, no muere. Su segundo enemigo nomás ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso, o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo. Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.
Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?
-Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ése será el verdadero poder.
“Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder!
“El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. Él manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder.
“Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso.”
¿Perderá su poder?
-No, nunca perderá su claridad ni su poder.
-¿Entonces qué lo distinguirá de un hombre de conocimiento?
Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo un carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de si mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.
La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos ¿es definitiva?
Claro que es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.
¿Es posible, por ejemplo, que el hombre vencido por el poder vea su error y se corrija?
No. Una vez que un hombre se rinde, está acabado.
¿Pero si el poder lo ciega temporalmente y luego él lo rechaza?
Eso quiere decir que la batalla sigue. Quiere decir que todavía está tratando de volverse hombre de conocimiento. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha y se abandona.
Pero entonces, don Juan, es posible que un hombre se abandone al miedo durante años, pero finalmente lo conquiste,
No, eso no es cierto. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante años, en medio de su miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado a él en realidad.
¿Cómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan?
Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento, y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre sí mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.
“El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.
“Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.
“Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes.”
Del Libro “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda
Trapecistas
Julio 19, 2008
Como quisiera saber que es lo que está pasando en su alma en este momento, como quisiera saber que es lo que siente y de que manera lo siente, que es lo que piensa y de que manera lo piensa…
Creo que somos como dos trapecistas haciendo equilibrio y un acto en la vida, y dependemos los dos uno del otro, dependemos de esa comunicación, tanto verbal como no verbal, dependemos de esa coordinación entre usted y yo, en estos malabarismos de fuego, la clave para no quemarnos es que podamos coordinarnos y acoplarnos…
Confio y Confiaré en usted… al menos yo, no conozco otra manera…
sin palabras
Julio 19, 2008
simple y sencillamente sin palabras…
Más Wilde
Julio 18, 2008
“La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.”
Generalmente soy una persona por demás racional, soy inteligente, lo sé y lo asumo, con su multiples contras y con sus ventajas, utilizo mi inteligencia para defenderme del mundo, no solo del exterior, sino con mucha frecuencia del interior, esa inteligencia es un arma de doble filo, porque por un lado me permite defenderme, por el otro me impide el avanzar más aya de ciertos límites que la misma mente coloca; es por ello que busco, a veces con ahinco, esas personas y esos lugares donde la inteligencia es un mito y donde no ayuda ni colabora para aquello que se esta haciendo, es por eso que amo la literatura y me apasiono en ella… es por eso que por momentos, puedo desaparecer de este mundo, metiendo las narices dentro de un buen libro, busco esa pasión que en ocasiones me falta debido a mi racionalidad… a veces la encuentro a veces no.
Hoy que querido también buscarla en otro lado… y creo que la he encontrado… y me da mucho gusto haberla encontrado, sigo sin saber que hacer con ella, pero supongo que ya lo averiguaré, solo sé que quiero jugar con el fuego, quiero aprender a no quemarme con la vida, y quiero aprender contigo.
Quiero aprender y descubrir también esa parte de mi… esa parte oculta…
Y como decia Oscar Wilde… hace ya mucho tiempo…
“La mejor manera de librarme de la tentación es caer en ella.”




